La Escuela


 

01/05/2021

 

La “Escuela” (“lo que se hace en el tiempo de ocio”), tal como la conocemos, ya es obsoleta. Es otra de las instituciones caducas de la “Modernidad”. La pandemia del COVID no hizo sino ratificar su muerte y apurar los acontecimientos.

 

Juan Jacobo Rousseau, en El Emilio, dice que un niño no debe conocer lo que es un libro hasta los doce años y que su educación debe basarse en el contacto con la Naturaleza y aprender a descubrir todo de ella. El libro “enseña” pasivamente; la Naturaleza descubre sus secretos con el uso de la razón y la intuición. Creo que en términos generales Rousseau tiene razón. Podríamos escribir páginas y páginas sobre esto. Una enseñanza ya revolucionaria en aquélla época.

 

La globalización y la pandemia nos han demostrado que las tecnologías de telecomunicaciones e información pueden ser de gran utilidad para la socialización y el conocimiento, si se utilizan con responsabilidad, inteligencia y sentido social. La nueva civilización naciente incluirá estos poderosos medios, pero trascendidos, bajo un diseño totalmente diferente.

 

Creo que el papel del sistema educativo debe ser proveer a padres y representantes las herramientas para la educación de los niños y jóvenes. Emular a la Naturaleza, para que el niño indague y descubra. Y para que también los padres se auto eduquen.

 

No se trata de dar sólo conocimientos, como decía Paulo Freire, no se trata de una educación bancaria que se limita a depositar conocimientos en las mentes de los niños y jóvenes. No se trata de sembrar los megamemes que garanticen la continuidad del sistema. No. Debe ser una educación liberadora.

 

Se trata de educar (“conducir”, “sacar fuera” lo que tenemos ya adentro), enseñar a pensar con idea propia, a preguntarse, sobre todo. El sistema educativo debe ser un generador de inquietudes, para que el niño y el joven busquen respuestas, sean creativos, inquietos, críticos, con criterio propio. Esa es la primera tarea de la nueva educación post modernidad.

 

Además, se trata de crear el hábito de leer (y ver videos, ¿por qué no?), de la indagación, de la investigación. Aprender a buscar la información, a verificar su veracidad y pertinencia, a verificar la fuente y analizar el contexto.

 

Otra cosa fundamental: El amor al conocimiento. Por ello, también el niño debe orientar el proceso, para ir satisfaciendo la natural propensión hacia la búsqueda del conocimiento en la satisfacción de sus necesidades intrínsecas.

 

Y la tarea más importante: crear valores (que son hábitos virtuosos), ayudar al niño y al joven a ir creando una coraza ética que lo ayude a socializar con seguridad y liderazgo.

 

Son las cuatro tareas del sistema educativo en esta era postopandemia. El mismo método que utilizó Simón Rodríguez con El Libertador, por cierto. Son tareas que corresponden a padres y representantes, con el apoyo de la sociedad.

 

El sistema educativo, además de apoyar a padres y representantes en las cuatro tareas básicas, podría dar las herramientas para garantizar una educación que forme para el trabajo, pero no para la explotación. Para ello, la dinámica usada debería fomentar el espíritu de emprendimiento en niños y jóvenes, darle a conocer y permitir practicar los oficios básicos (Simón Rodríguez incluía carpintería, albañilería, herrería, etc., a lo cual habría que agregar los actuales: telecomunicaciones, informática, finanzas…).

 

Hay otras actividades muy importantes, como psicología (conocerse a sí mismo y a los demás), ajedrez, meditación, artes marciales, deportes, etc. que no son valoradas en el sistema de estudios actual.

 

Ahora los padres estarán más tiempo en casa. Habrá más teletrabajo, más presencia de las telecomunicaciones e informática. Habrá más virtualidad, menos movilidad física. Por tanto, más tiempo para la familia. El sistema educativo entonces puede apoyar con la metodología, los medios de información, las herramientas. Los padres y representantes, en familia, y en comunidad, educan, llevan las cuatro tareas fundamentales. Unas actividades en casa, otras en comunidad, y otras en la escuela (para socializar).

 

La sociedad debe esforzarse en proveer los medios y herramientas. No tanto en construir escuelas físicas, sino medios de comunicación, sistemas de redes educativas, democratizarlos. Las escuelas físicas pueden quedar para los “viernes familiares”, para socializar en comunidad.

 

Cierto que hasta un 30% de las familias actuales está bajo el sistema biosicosocial de la modernidad, y un 60% bajo sistemas aún anteriores. La nueva civilización que se gesta apenas está comenzando a alcanzar la masa crítica, y lo que planteamos requiere del florecer de esa masa crítica. Por ello, necesitaremos un proceso dialéctico en la educación: la mayor participación posible de la familia y de la comunidad, la menor necesaria de la sociedad en su conjunto (no el Estado o el gobierno). Un proceso ascendente que irá dando más y más protagonismo al niño, a la familia y a la comunidad.

 

Los paradigmas están cambiando y debemos revisar los preceptos básicos de la educación con visión muy crítica.

 

Simón Rodríguez, por ejemplo, rechazaba la educación “bancaria” (llamada así luego por Freire), llegando a proponer que el uso de los libros debería dejarse para después de los doce años, siguiendo el pensamiento de Rousseau. Y, en nuestra época, ya no sería sólo el libro, sino también la nube de información. Eso no quiere decir que al niño o al joven se les separe de la red, sino que su aproximación sea semejante a la que tenemos con la Naturaleza. Así como Simón Rodríguez encaraba al niño a la Naturaleza, y no a un libro o un maestro, para buscar respuestas, la red debe convertirse en una emulación de la Naturaleza, no de un libro, o una biblioteca, o un maestro. No una búsqueda de datos, ni siquiera de información, sino de conocimiento, precursor de la sabiduría. La red debe motivar la reflexión. Eso requiere un cambio de fondo en la concepción de la red. No más “Google”, sino un gran emulador de la Naturaleza, un gran sistema de inteligencia artificial.

 

Otro paradigma establecido es la lecto-escritura. Se afirma con alarma que ya no se practica la escritura manual, sino en instrumentos (teléfonos, computadoras). Y que ya no se escribe y lee, sino se ven videos. Pregunto, ¿qué es lo importante, la forma (la escritura manual, la escritura digital, la comunicación oral digitalizada, la comunicación vía ondas cerebrales) o el contenido (creación de símbolos claros, conceptos concretos, ideas abstractas, concatenación lógica e inteligente de las ideas)? Lo importante es la capacidad de pensar, razonar, deducir, analizar e integrar, comunicarse. La evolución hace atrofiar unos miembros y desarrollar otros.

 

Otro paradigma es la “clase”, un maestro, presencialmente o no, dirige la clase a un grupo de estudiantes, en forma jerárquica, vertical, genérica; el maestro sabe, el alumno ignora. La tecnología de hoy ya permite la tutoría en línea, personalizada, en una interacción más horizontal. Que el maestro deje de ser proveedor de datos e información para pasar a ser un coach. Y en un futuro cercano, la Inteligencia Artificial permitirá mejorar el proceso, si evolucionamos socialmente en la dirección adecuada.

 

Y asociado a esto, otro paradigma ya superado: el “pensum”, igual para todos. Una serie de “materias”, iguales para todos, estructuradas en un periodo de tiempo igual para todos también.  La tecnología de hoy en día nos permite personalizar el pensum, en función de las características del niño o joven, de sus habilidades, de su vocación, sus deseos, y de las necesidades de la sociedad.

 

Para todo ello necesitamos una sociedad organizada hacia el bien común. A nivel local, nacional y mundial. Un gobierno mundial federado democrático es una respuesta necesaria a una serie de asuntos de carácter mundial, la educación entre ellos.

 

La Constitución Mundial para la Federación de la Tierra se propone usar todos los medios disponibles actualmente para democratizar la educación. Dice: “La radio, la televisión, el teléfono y el internet que sostienen el espectro de los medios de comunicación deben ser utilizados por los países en vía de desarrollo para ofrecer una educación gratuita a sus poblaciones“ (6.7.5 del Manifiesto de la Federación de la Tierra) y “hacer posible una educación de calidad para cada ciudadano de la Tierra.” (6.7.6 ídem).

 

La Constitución Mundial define patrones para el mejoramiento de muchos aspectos, entre ellos la educación (Artículos 4.12, 4.33). Entre los Principios Directivos del Gobierno Mundial, está “Educación pública gratuita y adecuada para todos, hasta el nivel universitario; oportunidades iguales para educación elemental y la más elevada a todas las personas que deseen educación más elevada; oportunidad igual para educación continua durante toda la vida para todas las personas; el derecho de cualquier persona o del padre de elegir a una institución educativa privada en cualquier momento“ (Artículo 13.4). De hecho, ya se ha producido legislación al respecto (Leyes Mundiales 22, 26, 27 y 51).

 

Creo que todo padre y madre, a partir de ahora, debe pensar muy bien cómo educar a sus hijos en la era post pandemia. Si la familia es el núcleo fundamental de la sociedad, entonces seamos consecuentes con ello.

 

El término escuela quedaría para la historia. Por supuesto, como todo en el universo, cada nueva emergencia, incluye la anterior, pero la trasciende. No hay cambios desde cero, la experiencia de lo anterior es imposible de eliminar, y valiosa. Pero bajo una mirada completamente diferente, trascendida. “Liberación” (Elefterosis, en griego) es un nombre más cercano al nuevo contenido y significado.

Leopoldo Cook
1 maio, 2021
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La Forma Espiralada de la Historia